A quién le importa. Es difícil de explicar. Digamos que desde antes de empezar la transición, M[…] lleva esbozando mentalmente un fanzine que exponga claramente y lo resuelva todo sobre este tema. […] Cuando eres trans, se supone que lo sabes todo sobre los hombres y todo sobr las mujeres y su forma de interactuar […] ¿Y cuando recién transitas? Crees que lo sabes todo […] Y sólo quieres hablar de ello, todo el tiempo, porque te sientes como en una revelación […] Ya luego, tras haberte sentido muy inteligente y perspicaz durante un buen rato, empiezas a darte cuenta de que todas tus percepciones son un poco estúpidas […].Hay tantas variables que es como si vieras todas las construcciones, todas las conexiones, y más o menos las entendieras, pero si alguna vez consideras intentar darles sentido, será mejor que lo hagas en una cueva en una montaña en algún lugar lejos de otras personas […] Todo esto del género es estúpido y es tan complicado que es imposible darle sentido.
Imogen Binnie, Nevada
Los instrumentos terrestres se convierten en familias de invariantes topológicas (que cambian según el tamaño y la elasticidad de los materiales); y fuera de su zona multidimensional, infinita pero circunscrita, acechan instrumentos con los que somos por derecho, como diría Leibniz, incom- posibles. El «estiramiento [de] la variación mucho más allá de sus límites formales» precipita una especie de regresión cósmica al estado embrionario de la música: antes de que naciera la música, existía el gran huevo cósmico vibrante, el órgano sin órganos: «La embriología ya muestra la verdad de que hay movimientos vitales sistemáticos, torsiones y derivas, que sólo el embrión puede sostener: un adulto se desgarraría.»
Robin Mackay, «Blackest Ever Black
Este texto se basa en una presentacion que di en el Observatorio de Investigación Artística de Bidson el 26 de octubre del 2023 a.E. (antes de los estrógenos) en un evento de STRAPP llamado ‘Sonic Disruptions’. Aunque lo he editado de forma libre, y la tercera parte se añadió posteriormente, es un registro de un momento particular, un conjunto de ideas que han venido emergiendo desde mi experiencia trans así como de mis discusiones con Amy Ireland, ideas que se abrieron paso dentro de nuestro libro en conjunto, Cute Accelerationism.
1. ACOPLAMIENTOS (RIGGING) Y SÍNTESIS DE GÉNERO
Soy la agente, paciente y producto de un proyecto de investigación sobre el aceleracionismo de género. En este punto, me pienso a mi misma como una persona sintética. Esto se ha vuelto mi principal proyecto de vida. Siempre he entendido a la filosofia como algo que tiene que ver con la forma en la que unx vive, algo que viene cargado de consecuencias. La filosofía que a mi me importa siempre ha tenido algo inspirador, que me mueve y me hace pensar acerca de como vivir la vida de forma(s) distinta(s). Hacer filosofía se trata simultáneamente de escapar de si mismx y autoproducirse como algo nuevo.
También tiene que ver con el cuerpo. Tienes que hacer filosofía que se adapte y adecúe a tu cuerpo, o que produza una mutua adaptación entre ambxs (cuerpo y filosofía). No porque Todo Es Sobre Ti o algo por el estilo, sino más bien porque este cuerpo al que nos referimos (tu cuerpo) es el vehículo para relacionarse con lo real, y si lo que estás haciendo filosóficamente implica tener algún tipo de tracción, necesita ser evaluado y puesto en conflicto frente a cada sensación y parte corporal. Hazle un examen de aptitud a tu práctica filosófica.
Y no empecemos con patrones planos. ¿Alguna vez tuviste la suerte de ver en acción al más bello de los topólogos, Alexander McQueen, orbitando alrededor de sus modelos con sus tijeras, cortando y doblando y ajustando, continuamente ajustando y moviendo cosas y observando y toqueteando y observando? Así es como se debe hacer filosofía.
De otro modo, tal y como Henri Bergson sentenciaba, puedes estar segurx de que terminarás con una cadena de conceptos pobremente ensamblados que resultan muy flojos como para que alguien pueda utilizarlos. Después de eso, puedes darle paso a la confección de una indumentaria filosófica lo suficientemente cute1 como para hacer resaltar tu figura y que tu trasero se vea regio.
En fin, hoy quiero hablar, en primer lugar, sobre cómo el género es o no es una síntesis. Una definición bastante laxa de síntesis es simplemente aparejar dos o más cosas, con la intención de hacer algo nuevo; es tomar ciertos procesos y operadores con el objetivo de combinarlos.
La segunda pregunta es ¿qué pasó? ¿Ocurre tal vez algo en particular cuando se transita dentro del género el momento en el que lo reconfiguramos? ¿Qué tipo de síntesis sería esta? ¿Cuáles son los elementos que la integran? ¿Cuáles son lo procesos con los que estás jugando y qué es lo que estás recombinando? Quiero empezar a hablr en términos de euforia y goce, pero a la vez me genera ansiedad hablar sobre esto aquí porque el proceso como tal ha tenido mucho que ver con desarrollar un cierto síndrome del impostor, lo cual en parte es más que nada un rasgo de personalidad mío, pero por otro lado, pienso, proviene del hecho de que nadie en realidad sabe qué es el género.
Habiendo reconocido este hecho, la siguiente no es ni pretende ser una revisión profundamente informada sobre literatura en estudios de género. Mi ambición es meramente decir algo acerca de, y que este algo no sea ni simplemente mi pequeña historia de vida personal, ni tampoco una Gran Teoría del Género que trato de imponer sobre otrxs. La pregunta para mi es acerca de cómo permanecer cerca de mi propio cuerpo, este cuerpo, y a la vez extraer una serie de diagramas del mismo que puedan llegar a ser reusables para otrxs seres.
Transicionar es un proceso personal bastante precario que también funciona como una provocación de orden societal. Sugiere de forma bastante obvia una amplia transformación social, pero también colinda con una locura personal de cierto tipo, dentro de la cual en realidad no sabes con total claridad si esto que estás haciendo es o no es real. Es por eso que cuando formulo la siguiente pregunta: ¿Cómo sintetizamos el género? Le acompañan estas otras: ¿Qué está pasando? ¿Acaso algo en realidad de todo esto que pasa me esta pasando a mi, he hecho alguna cosa, para empezar? Esto es porque el origen de la ansiedad y este síndrome del impostor que menciono es que todas estas cosas que atravieso se sienten efímeras; a veces incluso llegan a sentirse ridículas. ¿Se ha hecho alguna diferencia, o no? ¿Cómo se mide la diferencia? A veces este proceso (transicionar) puede sentirse fake, autoindulgente, narcisista, desesperanzador. Estos motivos, que por supuesto inspiran en un cierto tipo de gente en este mundo, un deseo en decir(te) que todo eso que sientes es exactamente lo que dicho proceso es.
Un sisma ha ocurrido, y sin embargo todo lo que menciono puede entenderse como asuntos triviales ¿Cómo puede ser así de efímero, acaso no era todo esto, imaginario? ¿Pueden acaso los cambios de orden cosmético en la expresión y aspectos presentacionales del género de unx mismx hacer alguna diferencia signiticativa en el existir? ¿Cuál sería esta diferencia y qué nos dice o nos hace cuestionarnos acerca de lo que entendemos como género? El reconocer que transitar, explorar, navegar dentro del espectro del género se vuelve —en un punto determinado— un asunto trivial y efímero, es justamente una inflexión sobre cómo el género obviamente es una categoría social estructural de primer orden, debido a este efecto masivamente restrictivo que tiene sobre todas las personas y que, a pesar de eso, opera a partir de reglas profundamente arbitrarias y contingentes. Incluso desde una perspectiva histórica, no hay un verdadero motivo sobre el por qué, hoy por por, ciertas personas usan faldas y otras no; todxs sabemos que estas cosas no son más que abritrariedades, no obstante, es extremadamente difícil y aparentemente riesgoso cruzar esta línea.
Una vez que has salido en público como un AMAB2 utilizando ropa ‘de mujer’ y resulta que no es el fin del mundo, es posible que aún así sientas como si algo enorme ha cambiado. Era, muy probalemente, mucho más fácil de lo que inicialmente pensaba(s), en general a la mayoría de la gente no le importa lo suficiente, tampoco es como si salieras a la calle y todo el mundo empieza a señalarte con el dedo, tal y como en una pesadilla. (De hecho, yo compararía la conquista de esta etapa particular en la experiencia trans con una versión alterna del clásico arquetipo del sueño ansioso: es como si salieras a la calle, en público y, en vez de cohibirse y proteger la verguenza propia, protegiéndose a unx mismx y sus vulnerabilidades, estás ahí, desnudx, tú y nadie más, sin nada que te proteja de la mirada ajena…es más, ¡¡se siente increíble!!) El hecho de que, en principio, sea tan fácil es uno de los motivos por los cuales la transfobia actúa a partir de esta agresiva vigilia constante: la gente se daría cuenta de lo fácil q es intervenir en esta categoría fundamental de la existencia social, ya que en realidad no se requiere de mucho esfuerzo, y si eso pasa, tantas cosas inciertas empezarían a ocurrir, y pues, la incertidumbre es una de las fuentes del miedo, por lo cual hay que actuar como si imaginarse haciendo esto3 fuera algo muy muy difícil o incluso, imposible. El gran psicoanálitico y pensador Jacques Lacan postula que el género binario es a la lógica del sujeto lo que el principio de no-contradicción4 es a la lógica clásica. Es así de fundamental. Aún así, los componentes que integran la categoría del género son, a mi parecer —así como al parecer de cualquier otrx que empiece a juguetear con estas categorías— todos de orden material y propicios a ser alterados/modificados, lo cual revela cómo esta aparente imposibilidad trascendental, es nada más que una mera construcción.
Explorar el género es una rara experiencia de orden trascendental, ligada al cómo estas normas son simultáneamente omnipresentes y poderosas pero también totalmente contingentes y quebrantables. Desde la perspectiva “de siempre” sobre el género, este se percibe como un binario gigante que estructura todo en nuestra vida y sobre el cual no hay como ver más allá. Se presenta como si fuera una línea rígida y dura de cruzar. Y una vez que lo haces, puedes ver en retrospectiva y darte cuenta que no había niguna línea para empezar, sino más bien, un variado y complejo campo de ensamblajes materiales, posibilidades, bloqueos y prohibiciones. Realmente es una suerte de punto inflexivo trascendental porque puedes ver todo desde una nueva perspectiva y dejas de fiarte de estas categorías inicialmente comprendidas como estructurales (que tienden a reiterar su presencia a partir de algún rol en la vida diaria en intervalos regulares). También me gusta pensarlo como una iniciación de cierto tipo.
La cultura transgénero del tiempo presente esta deviniendo en la cultura de masas por primera vez, y obviamente esto ocurre debido al internet. ‘Trasvestirse’ y el ‘trasvestismo’, en distintas formas ha estado siempre presnete en la cultura, pero esa es una categoría totalmente distinta. Históricamente e incluso hoy en día, sigue considerándose como una práctica plagada de un cierto potencial transgresor; es generalmente algo que las personas hacen en casa, en secreto, para luego sentirse mal al respecto y deshacerse de las mallas y los brasieres y luego comprar lo mismo una y otra vez, como si se tratara de una adicción o un fetiche. La transgresión puede moverse únicamente de forma cíclica, ya que es una dinámica adaptada al espacio en el que se manifiesta: cruzas la línea, ¿a dónde es posible ir ahora? La línea tiene solo dos lados, así que te ves obligadx a volver al punto de inicio, para luego volver a cruzar la línea, y luego volver al punto de inicio, &c… nunca hay un momento de transformación. Ahora, devenir transgénero no es, por supuesto, un fetiche, precisamente porque ser transgénero no es una expresión sublimada de algo ligado a lo sexual, pero que de todos modos puede emerger en formas, sentimientos y conductas aparentemente fetichistas; no obstante, no hay motivo alguno por el cual ser transgénero tenga que ser mutuamente excluyente o que no pueda coexistir con el fetichismo. Después de todo y, estrictamente por definición, cada aspecto de la conducta sexual humana es ‘fetichista’, siempre y cuando excluyamos las conductas sexuales 100% orientadas a fines reproductivos, como si algo así existiese en el mundo humano. Pero aún más importante, ser transgénero no es un acto transgresor —o más bien, en lo que respecta a cómo puede llegar a sentirse como algo transgresor, es principalmente porque alguien o algo está evitando que esto ocurra (talvez ese alguien eres tú).
En lo que a mi respecta, utilizar ropa ‘de mujer’ en el espacio público fue algo súper denso, porque en muy poco tiempo, dejó de ser algo que tuviera poco o nada que ver con cruzar esa línea una y otra vez; más bien se prestó como un espacio en el que temerosamente aprehendí que esta carga fetichista sobre ser públicamente trans se desvaneció muy rápido, muy pronto. Te sientes por encima y más allá de estas conductas, adentrándote a un campo abierto donde nuevas cosas puedan ocurrir, ya no tiene absolutamente nada que ver con transgredir. Esta carga fetichista y transgresora va desprendiéndose de la experiencia progresivamente, hasta que el acto de cruzar la línea una y otra vez pierde su encanto; gradualmente te vuelves capaz de percibir y entender cambios de orden más sutil en lo que respecta a cómo unx existe y experimenta a escala física, social y emocional, así como frente a las nuevas puertas que se abren ante esta sensibilidad agudizada, más allá de la disforia, abre paso a un espacio de exploración táctil y placer sensual ante la simple posibilidad de permitirte notar y disfrutar de tu cuerpo.
¿Qué pasa cuando te sumerges en este campo de posibilidades y empiezas a interactuar de forma distinta con tu propia experiencia sensorial/somática en lo que respecta a tu propio cuerpo? Curiosamente, me he dado cuenta que la gente en realidad no quiere hablar sobre esto. Desde el inicio, quise entender toda esta cosa como si se tratase principalmente de una exploración sensorial, un proceso somático, algo profundamente ligado al cuerpo. Pero terminé descubriendo, a partir de muchos foros para personas trans, que la gente en realidad no quiere hablar sobre estas cosas, de lo que quieren hablar es de su(s) identidad(es), y de políticas públicas trans. Uno de los motivos por los que se da esta omisión creo y tiene que ver con que el hablar y discutir acerca del placer corporal y la sexualidad en relación a una experiencia humana trans, puede ser visto como un acto peligrosamente cercano a ratificar el argumento defendido por los discursos ‘gender-critical’ (críticos del género/terfismos diversos) de que en realidad todxs lxs transexuales somos simplemente criminales peligrosos en búsqueda de cometer cada vez más perversiones sexuales. Pero ceder ante este discurso implicaría que gran cantidad del discurso trans se sostiene y empieza a tratarse solamente de disforia y miedo y cómo manejar estas emociones, cohibiendo a la euforia y su potencial rol en este proceso.
Entonces, ¿Qué recursos son los que en realidad tenemos y disponemos para pensar en este tipo de experiencias? Al venir de un trasfondo profesional ligado a la filosofía, lo único que se me viene a la mente en respuesta a esta pregunta es la idea de ‘devenir’ tal y como la proponen Deleuze y Guattari, es decir: al devenir, no es como si hicieras un traslado mecánico de una identidad a otra, ni mucho menos que se trate de copiar las cosas en las que te quieres convertir; devenir es algo en sí mismo, devenir es sustantivo, algo que pasa entre dos o más elementos, produciendo un tercer elemento distinto a los dos elementos iniciales. Un ejemplo para ilustrar esto, proveniente de Fils de chien, cuento de Vladimir Slepian, se trata sobre cómo es ser un perro: si decides ser un perro, entonces debes ponerte en cuatro patas. Pero entonces, sigues siendo un humano y vas a tener que caminar para movilizarte, vas a tener que ponerte zapatos en las manos; luego, ya que no puedes usar más tus dedos, no puedes amarrarte los cordones de esos zapatos, entonces te toca hacerlo con tu boca y entonces empiezas a babear y refunfuñar como un perro… devenir hace referencia a este proceso emergente intermedio, el perro con zapatos, deja de tratarse de algo relacionado con el tránsito de una identidad a otra, ni tampoco tiene que ver con actuar o pretender o imitar, el personaje de este cuento no está fingiendo ser un perro.
El punto es que, al moverte de un punto al otro, terminas transformando el mapa como tal, produciendo aún más posibilidades para el devenir, y este proceso puede seguir indefinidamente, en reiteradas ocasiones. Devenir no tiene un fin y la(s) identidad(es) implican una traición al devenir.
Cuando me pongo una falda, me siento de una cierta forma que luego me impulsó a ponerme algo más y luego eso me hizo sentirme de otra forma y termino produciendo un cuerpo que no es para nada con el que inicié este proceso. Pero nunca fue de mi interés ‘pasar’5 como mujer, así como nunca lo fue hacerlo como hombre. Me atrevo a decir que devenir trans tiene que ver con estar en constante movimiento, y este movimiento es conducido por la atención y recepción que se tiene ante cierto tipo de sensaciones. Una vez más, he descubierto que muy pocas personas quieren hablar sobre transicionar a escala sexo-genérica en los términos que estoy proponiendo. A su vez, he descubierto que, en términos generales, hay dos posturas al respecto. La primera es la postura crítica del género, si quieren llamarla así, según la cual hay una pirámide: en la base, tienes todas esas cosas que se entienden como ‘reales’ como el ADN, las hormonas, la anatomía; consecuentemente, el sujeto queda oficialmente registrado y socializado como un cierto tipo de persona que debe ser de una cierta forma debido a su anatomía y, por lo tanto, debe vestirse de una cierta manera, &c. Hay un sistema de stratas que van de lo real e inmutable a lo trivial y transformable. Si que al final de cuentas, hubiera terminado cediendo a mi síndrome del impostor y empiezo a ver las cosas de esta forma, terminaré diciendome que okay, que solamente estoy jugando con estas cositas superficiales del proceso, solo me estoy vistiendo distinto y ya, nada está pasando en realidad: el gobierno aún piensa que soy un hombre, y con justa razón. Al morir, eso es lo que dirá mi ADN o mi esqueleto o lo que sea.
Luego, está la otra posición, adoptada por otras personas trans —sin duda alguna y solo en algunos casos, porque esta es la narrativa correcta, la historia que se requiere contar a lxs otrxs— que viene siendo la idea de que al transcionar, el sujeto descubre a la persona real que en el fondo, siempre fue: Siempre he sido un niño, no una niña, pero ahora soy capaz de actualizar estas creencias, de volverme ese niño que siempre fui en el fondo. Pero, ¿dónde está esa persona? Simplemente no comprendo qué es lo que están tratando de decir con todo esto. Parece ser una suerte de constructo metafísico: en algún lugar ahí afuera, esta persona “siempre ha existido” dentro de unx, todo lo que pasó fue que salió a la superficie. Esta forma de concebir y pensar aquello6 es tan diferente de cómo yo lo he experimentado que simplemente no conecto.
Es un asunto ligado al tiempo. En el primer modelo, la strata se relaciona a distintas temporalidades: tienes la biósfera planetaria produciendo sexualidades bimórficas, resultado de un proceso milenario bajo el cual se produjo el actual sistema de reproducción sexual. Después, está la ontogenia, la producción de un único ser humano, durante el cual usualmente termina determinado como de un sexo u otro, sin espacio a ambiguedades. Posteriormente, dicho programa continua en la vida del individuo a través del proceso hormonal. Y luego tienes la socialización, que se nutre de todos esos estratos “inferiores”, pero que opera a la velocidad de la evolución cultural. Y luego tienes tu propia vida individual, personal —un diminuto destello en el gran esquema de las cosas. Observa que no hay retroalimentación alguna de los niveles superiores hacia los inferiores: todo se mueve en una sola dirección.
En el segundo modelo, esta idea de una “persona real” en el interior parece estar vinculada a una especie de identidad eterna e inmutable que siempre ha estado ahí, y que una simplemente estaría recuperando. Mientras que la primera forma de mirar estos estratos hace que la transición de género parezca superficial, este segundo enfoque la vuelve profundamente profunda —apela a una clase de hondura que siento que no poseo, porque me percibo como un devenir, no como un receptáculo para una identidad. En última instancia, no quiero que mi relación con esto sea ni superficial ni profunda. Quiero que sea amplia. Quiero decir que el género involucra muchas máquinas diferentes que se entrelazan entre sí, que es un proceso continuo de devenir que puede ser intervenido o interrumpido en múltiples niveles.
Así que me sentía insatisfecha con estos otros modelos, y además, no quiero negar el sufrimiento ni las experiencias adversas de nadie, pero me parecía que demasiado del discurso trans está moldeado por la disforia y la transfobia. ¿Podemos empezar por la euforia? Por el proceso, por el devenir, no por la identidad y sus malestares y su defensa. Por supuesto que hay dimensiones existenciales en la experiencia trans, pero también es una forma de placer y de juego, al mismo tiempo que es un trabajo y un proceso de transformación. Por eso es tan poderosa, y por eso algunas personas —personas sin alegría— la odian con tanta amargura.
Decidí que la única manera de pensar todo esto es en términos de una pragmática de género. ¿Qué significa pragmática, como actitud filosófica? Pragma significa, en esencia, ocuparse de las cosas, construir, manipular lo que nos rodea. Los filósofos siempre han preguntado cosas como: ¿Qué es esto? ¿Qué significa aquello? La respuesta pragmatista, en términos generales, es que lo que algo es o significa se define por los efectos que produce en el mundo. Otra definición es que el significado de una proposición consiste en la conducta que seguiría si la aceptáramos como verdadera. Así que si yo te doy una definición de género, no preguntes “¿Es cierta o no?”, sino: “¿Cómo cambiaría nuestra conducta respecto al género si eso fuera cierto?” Y luego hay una extensión más social del pragmatismo filosófico, donde lo importante es el compromiso. El significado real de un concepto se vuelve claro cuando las personas se comprometen a actuar como si ese concepto describiera la realidad, y ese compromiso produce efectos reales. Una de las implicaciones de esto es que, en realidad, podemos estar comprometidas con un concepto sin haberlo pensado explícitamente, simplemente a través de nuestras prácticas. Puede que hayamos interiorizado prácticas que nos comprometen con ideas que aún no hemos formulado conscientemente. Entonces, ¿cuáles serían los efectos en el mundo si, como cultura, nos comprometiéramos con una cierta comprensión del género? Pues, obviamente, ¡ya lo hemos hecho! Nos hemos comprometido con una comprensión binaria del género, nuestras prácticas la reflejan, y vivimos en las consecuencias de lo que eso ha producido. Ahora, desde un punto de vista pragmático, ¿qué significaría empezar a desmontar eso? Implicaría prácticas y compromisos.
El pragmatismo, entonces, tiene este doble sentido: por un lado, se trata de la experimentación y del hacerse cargo de las cosas; por otro, se trata de comprender las cosas a través de sus efectos y de lo que implica comprometerse con algo, en lugar de simplemente debatirlo filosóficamente. La pregunta es: ¿qué sucede cuando pones tu comprensión en práctica en el mundo? ¿Qué tipo de devenir produce eso? ¿Qué clase de “perro” es este?
Cada exploración de género puede ser personal, pero no puede ser completamente un asunto privado. Si te vistes con ropa del género opuesto en secreto, en tu habitación, en cierto sentido no te estás comprometiendo de verdad. La parte del compromiso, la producción de algo nuevo a partir de tu comprensión de ti misma, sólo puede darse a nivel social, cuando demuestras tu compromiso ante otras personas. Una cosa puede llevar a la otra, pero cuando estoy en el mundo, reaccionando a las reacciones que otras personas tienen hacia mí —es ahí donde termina el fetiche y comienza el género.
Al principio, cuando empecé a pensar en la pragmática de género, lo hacía en términos de cómo una se vuelve generizada o explora el género a través de la interacción entre las técnicas y artefactos con los que te relacionas y tu propio sentido interno del cuerpo. Por ‘técnicas’ me refiero a cualquier tecnología que se adhiere a tu cuerpo, cualquier tipo de prótesis, ya sean adornos, ropa, etc., o lo que sea. Pruebas estas cosas, ves qué efectos tienen, y eso produce un nuevo estado mental y corporal, plantea nuevas preguntas, y eso impulsa aún más el proceso. Es una cuestión de navegación, no de ontología ni de identidad. No se trata de decir “soy esto” o “soy aquello”, sino de volverse lo más sensible posible al paisaje que se está explorando. Y el género binario —un concepto con el que ya estamos comprometidas por nuestras prácticas heredadas— es, en última instancia, una forma de ser muy insensible a ese paisaje de posibilidades.
Esa navegación es de donde surge la euforia. Y quise empezar por la euforia porque ahí fue donde empezó todo para mí. Nunca pensé que tenía disforia de género hasta que empecé a tener experiencias de euforia de género, y entonces me di cuenta de que quizá estaba equivocada al pensar que estar miserable era simplemente lo normal, y que así era como todo el mundo experimentaba su existencia. Cuando me topo con personas transfóbicas, siempre intento guardar un pequeño grano de empatía, porque durante años yo misma pensaba: “No tengo disforia, así es la vida, todo el mundo está miserable, nadie tiene una relación ideal con su cuerpo ni puede convertirse en otra cosa. ¡¿Por qué estas personas trans locas piensan que pueden cambiar eso a voluntad?!” Ese tipo de bloqueos neuróticos pueden llevar a la transfobia, y está bien tenerlos, porque nacemos dentro de ciertas prácticas y compromisos. El primer paso para salir de ellos es simplemente darse cuenta de que lo que te enoja y te confunde probablemente no son las personas trans, sino tú misma, tu estancamiento y tu sensación de estar atrapada. En fin, creo que la disforia se presenta en distintas combinaciones. Hoy en día describiría mi disforia como social y táctil, más que anatómica. A lo largo de mi vida he sentido un enorme malestar físico y social al intentar ser un hombre entre otros hombres; tratar de desempeñar ese papel siempre me ha resultado profundamente incómodo. La navegación de género te lleva a cuestionarte sobre el destino, la pasividad, incluso sobre los demonios. En cierto sentido, todo lo que estás haciendo es simplemente “hacer lo que deseas”. Solo estás siguiendo tus deseos. Y, sin embargo, al mismo tiempo, hay algo desconocido que te impulsa, y hasta que no llegas a donde vas, no sabes realmente qué es. No conoces el destino, solo sabes que se vuelve posible ser cada vez más sensible a tus sentimientos, decisiones y posibilidades. Pero esto no es hedonismo, en el sentido de que “hacer (o siquiera admitir) lo que deseas” no es el camino de menor resistencia; requiere mucha atención y energía, es una forma de trabajo, moverse dentro de este paisaje, comprometerse, tomar riesgos, probar cosas.
Y como dije antes, este trabajo también puede compararse a una especie de iniciación, una prueba. Algo que alguien me dijo en un momento en el que estaba consumida por la duda fue que en realidad no importa si decides cambiar lo que estás haciendo, o volver a ser cis o hétero o lo que sea. Una vez que has cruzado esa línea inexistente, ya no puedes deshacer el camino; una vez que has atravesado el espejo y has visto que las cosas son completamente distintas de como pensabas, ya no hay vuelta atrás.
¿Hay un “yo real” que siempre estuvo ahí y que intenta salir, o esa “autenticidad” es algo a lo que hay que llegar, algo que se construye a través de una navegación cuidadosa desde el lugar en el que estás? Yo nunca sentí que estuviera intentando recuperar algo que ya estaba ahí. Sentía que estaba intentando llegar a algún lugar (¡cualquiera!) sin tener las coordenadas precisas—es decir, estaba intentando devenir. Antes, cuando intentaba ser un hombre, cada pocos años decidía convertirme en un tipo específico de hombre: voy a usar este tipo de ropa, voy a desarrollar esta actitud o este estilo… y nunca funcionaba—hiciera lo que hiciera, no funcionaba, y entonces lo dejaba y empezaba a intentar otra cosa… y ni siquiera es que haya tantos modelos que probar. Simplemente recorrí todas las posibilidades aburridas del “ser-hombre” y concluí que la miseria y la ansiedad eran simplemente cómo era la vida.
Mi impresión es que la ropa masculina está diseñada para impedirte sentir tu cuerpo, para limitar tu percepción propioceptiva. Eso está relacionado con la supuesta centralidad y neutralidad del hombre como posición subjetiva por defecto, como sujeto universal. La ropa de hombre es una especie de anestesia. Siento como si hubiera estado prisionera en ella. Pero, al mismo tiempo, también tiene la ventaja de que nunca necesitas pensar demasiado en tu cuerpo. Puedes simplemente ser perezoso e ignorante. La ropa masculina me parece diseñada específicamente con ese propósito, y sería alentador pensar que ya no tenemos que seguir generando humanos así, humanos que necesiten no sentir su cuerpo o que se acostumbren a no sentirlo. La ropa femenina, evidentemente, está hecha en cierto sentido para proyectar los cuerpos hacia afuera y convertirlos en propiedad pública, y al mismo tiempo para estetizar o superficializar, para hacerte un ser sensorial para los demás—pero también para ti misma; para hacerte sentir tu cuerpo y ser consciente de él como una herramienta y un señuelo, por supuesto, pero eso también significa ser consciente de él como un sitio de placer, o de autofilía. Así que, por supuesto, tu percepción de tu propio cuerpo cambia cuando usas ropa codificada con un género distinto. El proceso de hacer eso—¿cómo se siente usar una falda? ¿cómo se siente usar leggins o pantimedias?—es como producir nuevas partes del cuerpo. Usar ropa diferente, en realidad, cambia tu mapa interno del cuerpo y comienzas a producir partes que antes no tenías. Como hombre, sabías por supuesto que las mujeres tenían esas partes, las habías visto, y te gustaban (aunque no supieras muy bien por qué…) pero pensabas que tú no las tenías. ¡Pero en realidad puedes producir estas nuevas zonas!
Hay algunas asimetrías aquí que conviene señalar. Todo esto tiene que ver con escapar de lo que es obligatorio. Un transmasculino podría descubrir que, una vez que ya no siente que está siendo forzado a usar ropa de mujer, en realidad disfruta algunas de las cosas asociadas a lo femenino. Y viceversa: una transfemme puede querer usar sólo faldas durante un año entero, y luego sentirse más relajada y aceptar algunas de las ventajas de unos jeans sueltos. De eso se trata la etapa de “baby trans”. En cierto sentido, lo que deseamos es tener la opción. Nadie quiere estar obligado a tener un cierto tipo de cuerpo, pero eso es lo que hace la codificación binaria del género. El peso de esa codificación social es que o bien tienes que tener este tipo de cuerpo o aquel otro, como si cada uno fuera un paquete cerrado, cuando en realidad hay un campo muy complejo de distintas zonas, distintas partes del cuerpo, y distintas formas de tratarlas. Si usas por primera vez un top corto, estás produciendo un área nueva de tu cuerpo que antes no existía para ti; sientes algo que nunca habías sentido. Si usas medias hasta la rodilla y una falda, estás produciendo una nueva zona en tu cuerpo, entre la parte superior de las medias y el borde inferior de la falda. Eso puede ser algo que está ahí para ser mirado, para ser objeto de la mirada, claro. Pero también es algo que puedes sentir tú, una parte nueva de tu cuerpo que antes no existía, que genera un nuevo tipo de placer. Una tobillera produce un nuevo tipo de tobillo.
Todos estos re-mapeos del cuerpo te hacen darte cuenta de que tu cuerpo es mucho más reconfigurable y fluido de lo que pensabas, y que puedes tener distintos tipos de experiencia de tu propio cuerpo. La euforia es el descubrimiento de un nuevo continente: tu propio cuerpo. Y eso es porque tu cuerpo es un huevo. Hay un pasaje brillante en Deleuze y Guattari donde dicen, en relación con el género: “la verdadera cuestión es el cuerpo, el cuerpo que nos robaron para crear organismos opuestos”. Hacen un análisis muy interesante de cómo se producen niños y niñas en relación con lo que no pueden hacer. Pero antes de que quedes atrapado en esa binariedad, simplemente tienes “un cuerpo”, y ese cuerpo es un huevo.
El discurso del huevo es realmente fascinante. De seguro que has escuchado esta expresión dentro del discurso trans: a las personas que están al borde de darse cuenta de su “transito” se las llama huevos, y la pregunta es: ¿cuál fue el momento en que se rompió el cascarón? Es realmente interesante cómo surgió todo esto; creo que nadie sabe exactamente de dónde viene, pero converge con muchas otras cosas muy interesantes. Evidentemente, tu cuerpo proviene literalmente de un huevo/óvulo. En la biología antigua se pensaba que dentro del huevo (más probablemente, dentro del esperma) había ya formado un diminuto germen de mujer o de hombre, que luego saldría del huevo, crecería y se convertiría en humano. Hoy sabemos que el óvulo es, en realidad, un campo muy complejo de intensidades, diferenciaciones, gradientes químicos. Esos gradientes interactúan entre sí para producir articulaciones más complejas, y luego las intensidades de ese campo simultáneamente interactúan: es un proceso complejo y creciente de producción y diferenciación de partes del cuerpo. Entonces, el huevo no es ni una imagen ni una prei-magen de aquello que produce.
Ahora bien, obviamente no puedes volver a ser un huevo. Es cierto que, en principio, cualquiera de tus células podría revertirse y volver a ser una célula madre y convertirse en otro tipo de célula, pero físicamente no puedes retroceder el proceso, volver a ser un huevo para reconfigurarte completamente y convertirte en otra persona, o en otra especie. Así que esto empieza a parecer una idea bastante abstracta, idealista, sin mucha conexión con el pragmatismo. Pero espera, quédate conmigo,
Tu cuerpo es un huevo porque tu cuerpo es ese campo de tensiones, diferenciaciones, relaciones entre una y otra parte; estas relaciones son reconfigurables. A eso le llamo el eggo o cuerpo virtual—y por virtual no me refiero a nada digital ni a estar en línea, sino a que, por debajo del cuerpo que ha sido construido para ti, existe este campo más rico de posibilidades para reconfigurar tu cuerpo—y algunas de esas posibilidades podrían sentirse mejor. Naces dentro de tu tribu, pero solo cuando llegas a cierta edad pasas por una ceremonia de iniciación, y es ahí cuando te conviertes en un miembro pleno de la tribu. Esa iniciación es descrita en muchas culturas como un “segundo nacimiento”, y a menudo el símbolo que se utiliza es el de un ave que rompe el cascarón. Es extraño y fascinante cómo resuenan tantos sentidos alrededor del huevo, y cómo esta imagen ha sido re-descubierta —hoy en día— para otros fines.
También me gusta relacionar el huevo con la degeneración. Nada me encanta más que si alguien me llama degenerada; es el mayor de los halagos. ¿Puedes pensar en algún fenómeno cultural que haya sido tachado de “degenerado” y que no haya sido realmente fantástico? Y la regresión—la gente habla de niñxs jóvenes en Internet, niñxs de TikTok que se visten raro, que juegan con el género—como si fuera algo regresivo, infantil: “¿Cuándo vas a madurar?” Yo tomo todo eso en sentido contrario. ¡Regresa, degenera! Pero con el entendimiento de que eso no significa retroceder en un sentido laxo. Es más bien una regresión en el sentido de volver al huevo, de desbloquear posibilidades. Todxs deberían estar degenerando, devenir-huevo. Tu cuerpo es un huevo, un sistema de tensiones, de relaciones entre partes, de asignación de zonas erógenas a una parte del cuerpo y no a otra, etc. A través de tu socialización, has sido entrenadx para registrar algunas de esas zonas y otras no, y las “tecnologías del cuerpo”, o lo que yo llamo “rigging” (aparejamiento, acoplamiento)—incluyendo la ropa—refuerzan constantemente ese entrenamiento, porque según la ropa que uses estás construyendo y registrando tu cuerpo de forma distinta. Una vez que comienzas a abrir ese campo y a experimentar, te das cuenta de que no existe tal cosa como el cuerpo de un hombre o el cuerpo de una mujer, lo único que hay es el huevo, solo hay un cuerpo virtual.
Eso nos regresa al pragmatismo y a la importancia de la difusión social, y en particular de las redes sociales como habilitadoras. Una de las cosas que para mí fue fuente tanto de duelo retrospectivo como de alegría prospectiva fue descubrir la cultura femboy, porque me pareció algo muy potente: veías a adolescentes vestidos con ropa codificada como femenina, bailando, y simplemente parecían estar experimentando, con alegría, su propio cuerpo. Claro que, desde un margen cultural, siempre han existido chicos que se visten como chicas, y viceversa. Pero las redes sociales fueron absolutamente cruciales aquí, porque estos chicos podían compartir su gozo entre ellos y validarse mutuamente. Veías a alguien en TikTok diciendo: “Hoy fui por primera vez a la escuela con falda”, y cientos o miles de personas aplaudiéndoles. Eso no podría haber ocurrido sin redes sociales; habría sido la historia de un chico raro al que golpearon en el colegio. Claro, eso todavía ocurre, pero parece que las redes juegan un papel muy importante, operando como un difusor social de compromisos pragmáticos. La narrativa transfóbica dice que se trata de una “plaga en redes sociales”. Bueno, tal vez deberíamos verlo desde el punto de vista del virus. Lo que ocurre con la difusión a través de redes sociales es ese segundo nivel de pragmatismo: realizas tu transformación dentro del espacio social para que se vuelva real. Sinceramente, no puedo imaginar cómo habría hecho lo que hice sin redes sociales, porque son una forma de reflejar tu imagen hacia ti mismx, de compartir tu alegría con otrxs, y, tal vez lo más importante, de consolidar el compromiso. Y eso forma parte de un programa que decidí en cierto momento: superar toda mi vergüenza y mi pudor simplemente publicándolo todo, propagándolo al campo social para no retractarme. Esto toca algo que para mí es fundamental cuando se piensa la transición: un pequeño deseo, una punzada, puede parecer aleatorio, tonto o contingente, pero puede transformarlo todo cuando te comprometes con ello. En ausencia de compromiso y difusión social, quedas atrapadx en una lógica de transgresión donde todo lo que puedes hacer es cruzar la línea y retroceder: una transformación bloqueada por falta de difusión.
Es un efecto de retroalimentación positiva: sientes que podrías estar locx, que das vergüenza, que eres rarx, y simplemente tienes que establecerlo, consolidarlo hasta el punto en que no haya marcha atrás—tienes que comprometerte. El papel de las redes sociales aquí aparece como una bola de nieve de compromiso público. Para mí se ha convertido en un proyecto filosófico, así que estoy comprometida en un sentido “profesional”, es un proyecto interesante que ya ni siquiera es personal en cierto sentido. Pero en Instagram ha habido muchos momentos en los que he publicado algo mientras la parte humana de mí temblaba de miedo, de humillación, de vergüenza, y simplemente me obligo a subirlo, afirmando/me: no, estoy feliz, esto es lo que hago ahora. Esa externalización, creo, no solo te da acceso a un afuera, también funciona como un mecanismo que te obliga, que te tienta a abrirte más y más. De hecho, cumple un papel positivo: cuanto más expones, más entiendes lo que estás haciendo porque puedes verte como un objeto externo en formación, y eso a su vez te impulsa a seguir. Como si te despegaras de tu interioridad, venciendo la vergüenza—porque la vergüenza y el pudor son los Jefes Finales7 del control social.
La vergüenza es el jefe final, pero también el primero, es quien te impide siquiera empezar a cambiar algo. Por eso la osadía y la degeneración de la cultura online son positivas, en la medida en que ayudan a superar la vergüenza y el pudor e inscribirte en una forma externa que impulsa más devenires.
El pragmatismo de género, en vez de ser como un “performance” o un acto de “autoidentificación”, es más bien una cuestión de hacer cosas, de experimentar con artefactos y técnicas, de transformar el cuerpo virtual. Y en el horizonte está siempre el huevo, el principio trascendental de la plasticidad total. De nuevo, es un proceso experimental, pero también es una especie de labor, no es necesariamente fácil, requiere atención y desarrollar una sensibilidad sobre hacia dónde vas, hacia dónde podrías ir. Esto no ocurre sin externalización, creo.
No es que yo haya crecido como hombre y tenga una pequeña femúncula de mujer en mi cerebro y solo tenga que meter la mano y sacarla: “¡Oh, miren, la verdadera yo!” No. Eso no existe. Lo que existe es un conjunto de tensiones entre lo que se ha producido para que seas tú, el cuerpo que te han construido y las tensiones y posibilidades peculiares que forman parte de ti, que te son singulares. Hay una tensión entre la persona que te forzaron a ser y el cuerpo virtual que “te robaron”, el huevo, que sin embargo aún está ahí, inmanentemente. Esa tensión es la disforia..
Y, nuevamente, hay una cuestión de temporalidad, porque el proceso naturalmente lleva a tratar de explicar las cosas en términos de “esa parte de mí que siempre estuvo ahí, pero que no podía o no sabía encontrar”. Y hay algo de verdad en eso. De hecho, hay algo que “siempre estuvo ahí”, pero no es una imagen plenamente formada del “verdadero yo” esperando salir, es más bien como un pálpito. Es un conjunto de tensiones entre el cuerpo que habitas y el cuerpo que podrías ser, o las cosas en las que tu cuerpo desea desplegarse. Todo esto—la transición, el movimiento, la navegación—es trabajo trans, es una labor en el sentido alquímico. No simplemente te “liberas”: tienes que hacer un esfuerzo continuo para atravesar este terreno, y transformar los elementos del mismo.
Volviendo a la asimetría entre transmasc y transfem: Obviamente me alegra escapar de ser hombre, y he dicho que se trata realmente de abrir un campo más allá de lo binario. Pero tuve una larga conversación con un amigo transmasculino que fue bastante chistosa, porque me demostró cómo su viaje no fue de ninguna manera uno «opuesto» al mío. No, podemos llevar otra dimensión la forma de entenderlo, hemos de pensarlo de otra manera. Lxs dos hablábamos básicamente de la misma experiencia, compartiendo detalles y riéndonos –sí, así es como se siente, sí, eso es lo que se siente–, pero luego llegábamos a ciertos puntos él me decía «Ahora me agrada ir a una tienda y no tener que mirar la sección de ropa de mujer», y le respondía «¿Qué? ¿Me estás jodiendo? La sección de hombres es tan monótona y aburrida, ¡todas esas prendas son como una prisión! Me costó ponerme en el lugar de ver las cosas al revés. Hablaba de cómo, cuando era adolescentes, odiaba tener tirantes en el bra, esos tirantes de espagueti, “Yo sentía que me cortaban y tenía que ir al baño y quitármelos para liberarme durante un minuto.” Esos tirantes son un ejemplo de prendas codificadas como femeninas que he llevado y he experimentado algo que he visto en las mujeres, pero que ahora siento «desde dentro» como fuente de euforia. Fue para mí una experiencia placentera por ser un remapeo de mi cuerpo a partir de algo que había visto desde la distancia con placer o anhelo pero que nunca había soñado que yo misma podría sentir. Durante esta conversación empecé a comprender poco a poco las razones por las que alguien desearía ir en la dirección «opuesta» a la mía, a la vez que comprendía que no hay «opuesto» porque ambxs estamos haciendo lo mismo, sumergiéndonos en el huevo. Pero aún así hay una asimetría. La asimetría es que, en general, los hombres no están anclados a un cuerpo del mismo modo que las mujeres. De la misma manera que Frantz Fanon habla de la doble identidad en el caso de la raza, que un individuo negro no puede ser sólo un individuo, además es consciente de estar apareciendo ante los demás como una persona negra, por lo que siempre tiene dos identidades con las que tiene que lidiar y entre las que tiene que moverse. No puedes salir a la calle y ser una persona neutral entre la gente, porque también eres Negra. La experiencia de una mujer como sujeto es algo similar: no puedes ser simplemente una persona, siempre eres también una mujer, y en determinados momentos vas a ser consciente de que eres una mujer y de cuál es el papel social y la posición social de la mujer. Una parte de lo que impulsa la disforia de muchos transmascs parece ser que no quieren ser siempre interpolados como mujeres: “Sólo quiero ser una persona, en realidad me gustaría poder ser ese sujeto invisible, básico.” A algunas personas les toca ser dobles, lo cual es trabajo extra. Los hombres (blancos) no tienen que hacerlo y creo que la ropa de hombre lo refleja: la ropa de hombre te ayuda a convertirte en ese sujeto básico por defecto y desaparecer en lo neutro. Algo que para mí es una imposición angustiosa y desagradable, pero que para otrxs es una liberación.

Otro aspecto de la asimetría era que, para mí, gran parte del énfasis radica en poder sentir mi cuerpo, mientras que para mi amigo, como transmasculino, el enfoque estaba en gran medida en lo que podía hacer gracias a su cuerpo: “Quiero vestirme de una forma que me permita ir a dar un paseo en bici y ensuciarme, quiero vestirme de una forma que me permita ir al pub a ver el rugby sin que nadie me mire y pasar desapercibido.” Muchas de las situaciones que para mí eran horribles porque implicaban tener que ‘ser un hombre’ y que me hacían sentir muy llamativo, para él eran una oportunidad de ser un hombre entre hombres y no estar sujeto a que la mirasen ‘como a una mujer’ todo el tiempo. A la inversa, aunque ahora probablemente llame más la atención por mi forma de vestir, me siento mucho más tranquila y relajada socialmente porque no intento «ser un hombre» y doy una señal clara de que no voy a entrar en ese juego….
Hoy vivimos en una cultura extremadamente conectada desde lo visual, y el interés y la experimentación con el género han crecido. Ha llegado un punto en el que los hombres empiezan a darse cuenta de que la neutralidad que conlleva adoptar la posición de ese sujeto por defecto, aunque sin duda es un privilegio, es al mismo tiempo la forma en la que te roban tu cuerpo virtual. No es más que otra manera en la que te dejan fuera del huevo. El privilegio es también represión; ese universal de sujeto sin procedencia, básico, por defecto, es también un atraco.
Una vez que empiezas a salir de ese cuerpo-de-hombre neutral por defecto que no necesita esforzarse, una vez que empiezas a prestarte atención a ti mismx, también te encuentras con una interesante ruptura del concepto de la mirada masculina: puedes estar más atentx y disfrutar de la belleza de tu propix cuerpx en lugar de necesitar mirar lxs cuerpxs de otras personas. Si antes mirabas al «sexo opuesto» de forma fascinada y anhelante, ahora puedes experimentar en un modo sensorial algunas de las cosas que antes sólo mirabas, y eso es más satisfactorio y te permite alcanzar otro tipo de intimidad con los demás, basada en compartir placeres más que en consumir su imagen. (Como siempre, los memes tienen la forma más compacta de expresar esta parte del proceso: quiere una novia cute/es la novia cute).
Esto también nos lleva al concepto de autoginefilia, que es muy poco popular entre las personas trans por una buena razón. Se trata de la idea de que hay dos tipos diferentes de mujeres trans (los psiquiatras que hablan de esto no se interesan por los hombres trans). Uno es el de un homosexual incapaz de admitirlo que entonces intenta convertirse en mujer, el otro es el autoginéfilo, que tiene el fetiche de disfrutar de su propio cuerpo ‘como si’ fuera el de una mujer. Es obvio que es una mala interpretación increíblemente reductora para entender la psicología de las personas transgénero, y hay razones de base por las que ser transgénero no puede reducirse a un fetiche. Pero también tiene algo de verdad, siempre que admitamos que las mujeres cis también pueden ser autoginéfilas. ¡¿Qué tiene de malo la autofilia, literalmente, disfrutar de unx mismx?! Algo extraño para convertirlo en patología o ‘fetiche’. Pero este tipo de cuestiones nos devuelven al hecho de que, en este proceso, a veces te preguntas ¿Qué ha pasado? y te enfrentas a una alternativa aparentemente dura y rápida: ¿estás afirmando una realidad que, desde algún lugar profundo de ti mismx, sabes que es cierta? ¿o estás impulsando maníacamente algún tipo de locura extraña, posiblemente perdiendo el sentido de la realidad? Estas dos posibilidades coinciden, en última instancia, con las formas erróneas de ver el género. ¿Y cuáles son? Ambas, ninguna, no importa, a veces no se sabe, y eso es parte del placer de hacerlo. Ninguna de estas cosas existe realmente aparte del proceso pragmático del devenir.
En mi diagrama he conservado los estratos del primer modelo que he mencionado –tienes estas diferentes temporalidades, la filogénesis, que es el proceso de evolución que produce la reproducción sexual dimórfica, algo que está ya codificado en el ADN humano; la ontogénesis, es decir, la producción real de seres humanos, que se da a través de las hormonas que se retroalimentan con la anatomía; la sociogénesis, y la producción del individuo como ser social. Obviamente, en la sociedad actual tenemos esta interfaz entre reproducción sexual y reproducción social en la que la anatomía determina tu identidad institucional: cuando naces te asignan una u otra. Y, por último, eso alimenta tu papel social, que luego afecta tu conducta, la forma en que te comportas como persona.

Veamos primero este bucle entre el cuerpo virtual, la propiocepción y el acoplamiento (rigging). Rigging puede significar montar una máquina, también significa maquillarse, producirse, ponerse una máscara, hacer una presentación de uno mismo, y también significa el aparejo de un barco. Y creo que está bien usarlo porque el aparejo es lo que te permite izar la vela y moverte. Y aparejar también puede significar manipular las cosas a tu favor.
No creo que se pueda considerar ese primer bucle sin tener en cuenta cómo se conecta con todo lo demás. Es como la persona encerrada en su habitación experimentando por su cuenta, eso no va a ninguna parte, en realidad no basta para «hacer el género». Lo que hace que haya género es este otro bucle:

Te preparas y te exhibes a través de la infraestructura tecnológica. ‘Tecnología’ puede significar cualquier cosa: hace trescientos años podía ser que vas a la plaza del pueblo, que también es una tecnología social. Sin embargo, hoy en día las redes sociales son bastante rápidas y esa velocidad marca la diferencia. Sea cual sea el caso, te presentas a través de la infraestructura tecnológica. Entonces has asumido un compromiso en el ámbito social que retroalimenta las actitudes de los demás hacia ti y su confirmación de quién eres; te has presentado socialmente, y entonces logras este proceso de ratificación colectiva: los demás te reconocen y dicen sí, ahora te reconocemos ocupando un lugar diferente en nuestro esquema conceptual y nuestras prácticas.
Todo eso ocurre gracias a la tecnología, y lo interesante de la tecnología es que atraviesa todos esos estratos. La tecnología no pertenece a lo personal, lo social, lo biológico o lo evolutivo, es algo que puede intervenir en todos estos niveles. Eso es lo asombroso del desarrollo de la cultura humana, que dispone de herramientas capaces de intervenir en todos esos niveles.
La ratificación colectiva también plantea nuevas exigencias a la tecnología. Al enviar nuevas señales sobre el género a la esfera social, también estás produciendo deseo, estás ayudando a crear una demanda de nuevas tecnologías que hagan posible el género de diferentes maneras. Obviamente, hay intervenciones a nivel de presentación cosmética mediada, hay intervenciones a nivel de las hormonas, tal vez habrá intervenciones a nivel del ADN. Pero el punto es que este bucle social no sólo se está expandiendo de ser una cosa personal a ser una cosa social, sino que también está impulsando el cambio en términos de lo que la tecnología hace al intervenir.

Y, obviamente, todo esto también va a parar a la memoria social, es decir, al archivo colectivo de todo lo que sabemos sobre nosotrxs mismxs y sobre lxs demás. Esa memoria social también está cambiando el abanico de roles de género disponibles. Por lo tanto, este proceso de sociogénesis también es eficaz a la hora de moldear la realidad, porque en el futuro habrá, como mínimo, un rango más amplio de roles sociales que se te puedan asignar.
En el diagrama hay una forma de disforia entre el cuerpo virtual y la anatomía, y otra forma de disforia entre el papel social y la conducta. La cuestión es que cuanto más se aceleren estos circuitos, más posibilidades habrá de que estas disforias se reduzcan al mínimo, porque el cuerpo social se vuelve más flexible y capaz de hacer frente a una gama más amplia de posibilidades.
En cierto sentido, no hay un solo huevo, hay un huevo en cada etapa y en cada nivel. Por ejemplo, el ADN. Siempre pensamos que el ADN es fijo, como una especie de realidad última, pero es evidente que también hay un «huevo» de ADN: una enorme reserva de posibilidades de lo que podría ocurrirle al ADN de un organismo y a su fenotipo, por mutación o deriva o lo que sea. Evidentemente, podría ser aterrador, pero va a suceder, obviamente estamos en los albores de meternos con estas cosas. En términos anatómicos, la relación entre la anatomía y las hormonas es particularmente fascinante porque tiendes a pensar que tu anatomía es lo que es, y por supuesto en el discurso público la idea de jugar con las hormonas o los bloqueadores de la pubertad es recibida con horror, como si se fuera a romper todo el sistema. Pero es sorprendente lo rápido que tu anatomía puede decidir felizmente que está haciendo otra cosa una vez que cambias el equilibrio hormonal. Una vez más, apenas estamos empezando a entenderlo, pero, por ejemplo, es bastante divertido en relación con la anatomía y el cuerpo virtual observar que cada AMAB en la tierra tiene una talla de sujetador virtual. Todxs nosotrxs tenemos este conjunto de potenciales latentes, ya seamos AMAB o AFAB8, sea cual sea nuestra anatomía, existe este campo de intensidades y potenciales a nivel anatómico, parecido a un huevo, y si empiezas a poner las hormonas adecuadas, simplemente se actualizarán de forma diferente.
Incluso lo social tiene su propio huevo: bajo la actualidad de lo social tal y como lo vivimos hay, por supuesto, muchas más posibilidades que podrían realizarse: el conjunto de relaciones entre lxs individuxs podría configurarse de muchas maneras diferentes. Y luego, como ya he dicho, está el huevo del cuerpo virtual, que puede modificarse con ropa, cosméticos, etc.
¡El huevo llega hasta el fondo! Y trans- significa intentar navegar en este eggspace. Pero como ves, el huevoespacio es tecnología: en gran medida, no podemos acceder al huevoespacio sin tecnología, porque la tecnología es el proxy del huevo, es lo que perfora todos los estratos y te permite intervenir de todas estas formas diferentes.
¿Hay sitio para un «cuerpo emocional» en algún lugar de mi diagrama? Pues bien, una de las cosas que participa en la construcción de tu cuerpo virtual es el trauma y su impacto emocional. Diversas formas de terapia psicodinámica reconocen que todo esto se almacena en el cuerpo. Tenemos el ejemplo de Wilhelm Reich con su idea de la «armadura del carácter», que de hecho define de forma brillante lo que significa «ser un hombre»….
Este diagrama es sólo un esbozo. Podríamos modificar y ampliar fácilmente varias partes del mismo con detalles tomados de otros lugares.
OTROS CUERPOS, NO OTROS MUNDOS: EGGS FM
También puedes ver todo esto como el diagrama de un sintetizador. El huevo es el sintetizador original. Hemos visto cómo se sintetiza el género, pero quería pensar en formas en que la música sintetizada puede reflejar la plasticidad del cuerpo virtual. Esto se debe al tipo de música que escucho personalmente y que ha influido en mi tránsito de género (pero esa es otra historia). Lo mismo se puede decir de lo que los sintetizadores hacen con el sonido. Básicamente, hay un huevo en cada nivel, y lo que hace la música sintética es intentar romper este huevo del sonido en el sentido siguiente. Si volvemos a imaginar nuestro diagrama como algo relacionado con el sonido, en la parte superior tenemos composiciones, sinfonías o lo que sea, e incluso canciones pop; debajo tenemos instrumentos, diferentes tipos de estos que se pueden utilizar en esas canciones, voces, etc. A medida que bajamos más y más tenemos la física de la forma en que los sonidos interactúan entre sí… pero esencialmente todo es sonido, el sonido es un medio homogéneo, todos los sonidos son sólo movimientos en el aire. Las herramientas sintéticas para hacer música nos permiten intervenir cada vez con más precisión en todos estos niveles, hacer sonido a nivel molecular en lugar de sólo a nivel de los instrumentos como entidades preconstituidas. Esto abre progresivamente el terreno de la base molecular del sonido. De esta manera, la distribución del sonido ya no consiste en elegir los instrumentos de un menú fijo y utilizarlos de una de las formas tradicionales para ensamblar varias notas en una melodía.
Quiero empezar con una cita de SOPHIE sobre la creación de música sintetizada. Todos los sonidos de los temas de SOPHIE, obviamente, no provienen de instrumentos físicos, pero tampoco de instrumentos preconstituidos a partir de un banco de sonidos de un sintetizador, son todos «hechos a mano», por así decirlo:
No utilizo ningún sample, sino que pienso en materiales y formas que puedan esculpirse en sonido a través de la síntesis y que puedan realizar funciones similares a las de los instrumentos estándar de la música de baile, al tiempo que se conectan y contribuyen más al contenido conceptual real de la canción. En teoría, con la música electrónica se puede generar cualquier textura, cualquier sonido, así que ¿por qué querría un músico limitarse a sí mismo? Los lugares a los que nos puede llevar nuestra imaginación están muy lejos de lo que se nos presenta.
Hay vínculos obvios entre lo que SOPHIE está hablando en términos de sonido y música y lo que yo he estado hablando en términos de género. En cierto sentido, es una cuestión de gramática: el género puede considerarse un tipo de gramática, en tanto el género binario es una forma determinada en la que todas estas cosas están «destinadas» a encajar, y escapar del género binario es descubrir un campo más amplio. Del mismo modo, la música occidental ha sido una codificación, una gramática de cómo coger instrumentos, colocarlos unos en relación con otros, hacer que emitan ciertos sonidos dentro de una determinada estructura compositiva. felicita me dijo que pensaban en PC Music9 como un grupo de personas interesadas en alterar la gramática de la música de diferentes maneras. En sus primeros trabajos con música digital, felicita había experimentado con escalas persas y afinaciones no estándar, como la entonación justa, y luego «descubrí el deslizamiento (del tono10), y ésa era la respuesta a todo: deslizarse de un evento a otro». Lo cual es, en efecto, una forma de ser antigramatical, deslizarse bajo la superficie de la gramática de la música, llegar a la plasticidad del huevo. Eso es lo que hacen los sintetizadores y el sonido sintético, o lo que pueden ayudarnos a hacer.
Aunque, siempre es el mismo huevo. El sonido es un medio consistente, hagas lo que hagas y de la manera que sea, el sonido es sonido. Puedes hacer cualquier sonido con cualquier método de síntesis… eventualmente. Si quieres tener el sonido de Jennifer Aniston leyendo un soneto de Shakespeare, puedes sintetizarlo a partir de ondas sinusoidales puras, sólo que será una forma muy ineficiente de hacerlo. En palabras de Vincent Lostanlen, investigador en escucha automática, «esto es lo fascinante de la música por computador: los algoritmos de síntesis no son creadores-de-música, sino creadores-de-creación-de-música». Hay distintas formas de sintetizar el sonido, de ensamblar las piezas para crear un sonido complejo. Cada modo de síntesis es implícitamente un modelo de sonido, de cómo funciona y puede analizarse el sonido, y ninguno de ellos es «correcto», porque el sonido es sólo sonido, aún así cada método de síntesis tiene una idea particular de cómo construir el sonido y eso se refleja en los tipos de sonidos a los que facilitan el acceso.
La síntesis FM se inventó o descubrió a finales de los sesenta y adquirió gran protagonismo, sobre todo en la música pop de los ochenta. Hasta los años setenta, la mayoría de los sintetizadores utilizaban síntesis aditiva o sustractiva. Lo que produce el sonido es el VCO (oscilador de control de voltaje)11, que puede pensarse como algo que gira para dar más señal, menos señal, etc., y el trabajo de un sintetizador es convertir ese ciclo de voltaje en una onda de sonido. Los sintetizadores más sencillos tienen un único VCO y producen una onda sinusoidal, u otro tipo de onda simple, diente de sierra o cuadrada, todas las cuales dan lugar a sonidos diferentes. La síntesis aditiva simplemente significa que puedes tomar más de una de estas ondas y apilarlas para obtener una onda más compleja y, por tanto, un sonido con una textura y unas características más interesantes. Y, por supuesto, también puedes ajustar el volumen para dar forma al sonido. La síntesis sustractiva es lo mismo, pero al revés: se quita una onda de la otra.
Históricamente, la síntesis FM surgió más o menos en el momento en que se construyeron las primeras herramientas digitales de creación de sonido. Así que en realidad es un invento más antiguo, pero recientemente ha tenido un renacimiento, y SOPHIE, junto con otrxs artistas de PC Music e hiperpop, han extendido el uso de la síntesis FM.
En los años sesenta, John Chowning, que descubrió la síntesis FM, se inspiró en un famoso artículo de 1963 de Max Matthews, «El ordenador como instrumento musical». Era la primera vez que alguien presentaba sistemáticamente la posibilidad de que el ordenador, como dispositivo digital polivalente, pudiera utilizarse para manipular el sonido de un modo que los sintetizadores analógicos no podían lograr. Chowning fue uno de los primeros que decidió poner a prueba esta hipótesis, y tuvo varios problemas en su relación con las instituciones: De qué estás hablando, esto nunca va a suceder, ¡la gente no va a usar computadores para hacer música! Acabó en Stanford, donde él y su equipo fueron de los primeros en construir estaciones de trabajo de música digital.
Como tantas otras cosas en la historia de los sintetizadores y la música electrónica, la síntesis FM se descubrió por accidente. Chowning tomó una onda sinusoidal y otra y, en lugar de sumarlas, modulaba una con la otra. ¿Y eso qué significa? Significa que si tienes esta onda que está siendo producida por un VCO y es regular, sólo sube y baja, y luego tienes esta otra onda, puedes usar el ciclo de la segunda para controlar la velocidad de la primera, y terminas con un tipo diferente de forma de onda. Cuando haces eso, esencialmente sólo estás haciendo vibrato, sólo estás alterando el tono hacia arriba y hacia abajo. Pero lo que Chowning descubrió fue que si sigues aumentando la frecuencia, obtienes efectos realmente interesantes. Descubrió que puedes producir sonidos que tienen una riqueza, una textura o timbre que les da más carácter. Chowning descubrió que ciertas relaciones entre la señal moduladora y la señal modulada producían armónicos ricos: Hice más experimentos y me di cuenta de que estaba escuchando […] una onda compleja utilizando dos osciladores que imagino que probablemente tenía ocho o diez armónicos». Ahora bien, cualquier objeto natural produce armónicos: cualquier objeto que golpees producirá una frecuencia fundamental, pero también producirá un conjunto de otras frecuencias por encima de esta, y eso es lo que da a un instrumento su sensación particular, la combinación de todas estas frecuencias diferentes que interactúan entre sí. Los primeros sintetizadores a menudo suenan raros, espaciales y de otro mundo, y en parte se debe a que utilizan formas de onda simples y aisladas, sin armónicos, que son cosas que no se suelen hallar en la Tierra. Si sales al mundo, nunca vas a oír una onda sinusoidal pura; si oyes un grillo o a alguien serrando un trozo de madera, puede que sea algo parecido a una onda diente de sierra, pero nunca vas a oír algo así en su forma pura. Y eso es parte de lo fascinante de los sintetizadores analógicos, que te presentan paisajes sonoros alienígenas y antinaturales. Lo que Chowning descubrió fue que se podían producir sonidos bastante naturales, algunos de los ejemplos clásicos con FM son que se pueden producir tonos de campana, tonos que suenan a madera, tonos de flauta respirando. Puedes enriquecer tus sonidos añadiendo más ondas moduladoras. Los armónicos en la naturaleza rara vez son puramente armónicos, y otra cosa que descubrió Chowning fue que utilizando la síntesis FM se puede pasar continuamente de lo armónico a lo inarmónico, explorando los límites en los que nuestra percepción del sonido cruza la frontera entre las notas musicales armónicas y el sonido texturizado o incluso el ruido.
Por tanto, con la FM se puede crear un sonido complejo con muy pocos componentes. Además, con la FM digital se puede producir un sonido que sería extremadamente laborioso utilizando cualquiera de los métodos anteriores. Así que es barato, es una forma extremadamente económica de producir sonidos ricos e interesantes que se acercan al timbre de los objetos que suenan de forma natural.
Pero no podemos hablar de los aspectos técnicos de la síntesis FM sin hablar también de sus aspectos culturales e históricos. Algunos de los colegas de Chowning sugirieron, bueno, puedes producir todos estos tipos diferentes de sonidos, lo que tienes que hacer es producir un banco de sonidos, una gama de diferentes tipos de sonidos. Así lo hicieron, se lo mostraron a varios fabricantes de instrumentos electrónicos y, finalmente, Yamaha fue quien compró el banco de sonidos y la tecnología FM para crear uno de los sintetizadores más exitosos y famosos de la historia, el DX7. Fueron realmente los sonidos de una generación. Aunque, como describe Lostanlen, fue una tarea muy exigente:
El ‘análisis FM’ no es tan sencillo como la síntesis aditiva o la síntesis wavetable […] si te dan un sonido grabado como una marimba, no es nada obvio cómo identificar los parámetros FM adecuados para él. […] Existe una fórmula, pero implica funciones especiales difíciles de evaluar […]. El espacio de búsqueda tiene una dimensión muy alta y es ‘accidentado’ (no aumenta/disminuye bien la similitud [a medida que se ajustan los parámetros], así que durante mucho tiempo, el sintetizador FM fue un juego de ensayo y error y de cuidadosa escucha humana, y paciencia.
Pero, continúa, esto sólo plantea la pregunta
¿Cómo es existe la solución en absoluto en el espacio de búsqueda? ¿Qué hace que el sintetizador FM sea un espacio de búsqueda mejor que cualquier otro? Y aquí no sé muy bien qué decir… sabemos que el sintetizador FM favorece la armonicidad y el vibrato, que son típicos de algunos tonos sostenidos (cuerdas con arco, vientos de madera)… también sabemos que el índice de modulación induce una especie de «metal» que es muy cómodo de controlar como correlato de la sonoridad…
En cualquier caso, en ese momento la síntesis FM desempeñó un papel económicamente importante en la difusión de la música de sintetizador. Esto es contraintuitivo en relación con lo que he dicho antes sobre el hecho de que la música de sintetizador te permite llegar hasta el huevo, manipular el sonido molecularmente. Porque en realidad, lo que impulsó la entrada de los sintetizadores en el pop durante este período fue algo muy diferente, fue el hecho de que con FM se podían hacer cosas que realmente sonaban como instrumentos. Antes de eso, había sido difícil para los productores incorporar sintetizadores en la música popular porque estos sonidos fuertes y puros no encajaban bien en una mezcla. Era difícil producir algo que incluyera sintetizadores junto con otros instrumentos. El DX7 hizo posible ubicar sintetizadores en la mezcla de una canción pop y producir un tipo de música reconocible por el mercado de masas como música pop. Además, esto sucedió predominantemente en los años ochenta, durante el gran período de auge de los medios de masivos comunicación, y por ejemplo, si trabajas con anuncios de televisión, puedes hacer la banda sonora con un DX7 en lugar de contratar a una orquesta. Así que económicamente tuvo un impacto, e hizo una gran diferencia en la adopción de la tecnología de sintetizadores y la percepción pública de la música sintetizada. En cierto sentido, fue como si los sintetizadores se disfrazaran de instrumentos para entrar en la corriente cultural dominante, moldeando poco a poco las expectativas y abriendo la ventana sónica de Overton. En realidad, la síntesis FM ya existía antes de Chowning: en los años sesenta, algunos hacían síntesis FM analógica, pero la tecnología no funcionaba tan bien con máquinas analógicas. Fue la implementación digital la que tuvo sentido en términos técnicos y, por tanto, en términos ecológicos, y la que la llevó a la vanguardia musical.
Lo que me resulta interesante del resurgimiento de la FM en los años 2000 y 2010 y hasta la actualidad es que se utiliza para crear sonidos que probablemente no sean naturales. La FM te da acceso a una determinada forma de entender y construir sonido que permite producir el tipo de sonidos que provendrían de un objeto natural. Pero también con ella puedes estirar y deformar la «naturaleza». Yo diría que la FM parece más adecuada que otros métodos de síntesis para crear sonidos que tengan el carácter sónico de objetos acústicos físicos, incluso cuando son extravagantes. Los sonidos FM tienden a sonar físicos o corporales en cierto sentido, y creo que SOPHIE los utilizaba así. Creo también que otros artistas transexuales, transgénero o queer utilizan los sonidos FM de forma expresiva para hablar de lxs cuerpxs y su plasticidad. SOPHIE:
Trato de imaginar un mundo hiperrealista de sonidos a los que a veces estamos acostumbrados por las películas taquilleras y ese tipo de cosas, sonidos que caricaturizan y exageran, y fenómenos naturales u orgánicos y materiales que no existen en ese momento. Por ejemplo, un piano de ocho kilómetros de ancho….
De nuevo, se puede crear cualquier tipo de sonido con cualquier tipo de síntesis, pero me parece que ciertas formas de trabajar con el sonido permiten acercarse al mundo sonoro de diferentes maneras. La historia de la música sintetizada y los sintetizadores analógicos produce a menudo varios tipos de sonidos «espaciales» percibidos como de otro planeta, y eso es tanto lo que les daba valor en ciertos círculos como lo que impidió que se convirtieran en la corriente dominante: que producían sonidos que no pertenecían a nuestro mundo, sino que abrían una especie de inmersión expansiva e hipnótica en un entorno sonoro extraño. La FM permitió que ocurriera otra cosa, y al mismo tiempo en tanto esos sonidos DX7 se convirtieron en cierto modo en la quintaesencia del «normcore» —no están haciendo nada superavanzado con el sonido, están intentando emular instrumentos—, abrió las puertas a lo que yo quiero llamar un tipo de sonido de otrx cuerpx más que de otro mundo: una forma de producir cuerpxs imposibles que reflejan una plasticidad renovada del cuerpx virtual.
Todo esto son especulaciones y, por supuesto, soy consciente de que diferentes músicas significan cosas diferentes sobre el género para diferentes personas. De hecho, ésta es una consecuencia esperada del amplio modelo de navaegación multinivel de género esbozado anteriormente. Por ejemplo, cuando la artista Xylitol habla de su experiencia con la música electrónica y los clubes, no sólo hace hincapié en las especificidades sonoras, sino también en el «anhelo de género» de ciertas variedades de garage, house y jungle, junto con el aspecto social y corporal del entorno:
Bailar… me dio un espacio para explorar mi sentido de ser un cuerpo en el mundo de formas que no estaban abiertas a mí en mi vida cotidiana […] Intentaba sublimar el deseo que sentía de despojarme de mi género (o, en retrospectiva, de las expectativas que mi género asignado me imponía) a través de la música, como un medio para escapar de mí misma y habitar otro cuerpo, para disolver mi fracturado sentido de identidad en algo amorfo […] aunque sólo fuera por un fugaz momento de éxtasis en la pista de baile, un espacio psíquico para reimaginar «lo que mi cuerpo podía hacer y en lo que podía convertirme.»
3. HUEVO VOCAL
Hay otra forma de pensar en la transplasticidad en relación con el sonido, y es el entrenamiento vocal. Uno de los efectos de las hormonas en la pubertad es, por supuesto, que la testosterona desencadena cambios físicos que producen las características clásicas de la voz masculina. Si transitas, puede que sientas que quieres mitigar o invertir los efectos sexistas de esa diferencia de desarrollo. Pero para ello tendrás que mirar más allá de la superficie preempaquetada de «voz de hombre/voz de mujer» y, precisamente, entender tu voz como un sintetizador.
Una de los más brillantes entrenadoras de voz en YouTube, transvoicelessons, procede en su primera lección de tono a peso a resonancia, literalmente como un curso de sintetizadores, introduciendo a todos los parámetros, pero con la dificultad adicional de que no hay perillas para girar. Aprender a controlar cada uno de estos parámetros de forma aislada es una cuestión que requiere estar muy atentx a la retroalimentación de tu propix cuerpx y oídos, y una gran cantidad de práctica. Antes de poder controlar e interpretar tu propia música, tienes que aprender a oír. Una vez más, tenemos un bucle de retroalimentación pragmática.
La voz humana es producida (simplificando un poco) por dos cámaras de resonancia, y sólo aprendiendo a sentir, atender y discriminar entre estos espacios de tu cuerpx y conocer cómo pueden ser alterados, puedes esperar aprender a controlarlos y volver a trazar la relación entre tu género, tus intenciones vocales y la producción sonora e tu cuerpx.

De lo que estamos hablando aquí es de acceder a tu sintetizador vocal, a tu voz-huevo. Y, una vez más, lo que tienes que hacer cuando perseveres en este difícil proceso es mantener la mirada en el horizonte, en la continuidad ideal del huevo de voz, mientras empiezas pragmáticamente desde donde estás, aprendiendo a construir tu sensibilidad hacia el instrumento que estás tocando —tu voz— y, a través de la práctica, desarrollando la capacidad de navegar, de ser capaz de reconocer los parámetros y ajustar deliberadamente los mandos y diales de tu sintetizador vocal.

REFERENCIAS
Éric Alliez, Duchamp con (y contra) Lacan (2022)
Imogen Binnie, Nevada (2013)
Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas (1980)
Amy Ireland y Maya B. Kronic, Cute Accelerationism (2024)
Robin Mackay, Russell Haswell, Florian Hecker, ‘Blackest Ever Black’ (2012)
SOPHIE, entrevista con el Dr. Michael Waugh, 2014.
Charla con John Chowning y Holly Herndon, HKW,
Xylitol citado en David Stubbs, Fear of Music (2009)
SSTRAPP (Sonic and Somatic Transdisciplinary Research and Practice Pro- gramme)
Gracias a Ben Cronkshankingly, Hannah Diamond, felicita, Florian Hecker, Amy Ireland, Vincent Lostanlen, Rhea Myers, Raven, Rex, Laura Robertson, Tia Trafford, V and Storm, Terah Walkup, Xenogothic y Xylitol por las conversaciones que han enriquecido este texto.
Gracias a Inigo Wilkins, Zara Truss Giles y Quieting por invitarme a participar en «Synthetic Disruptions», y gracias al Observatorio de Bidston por proporcionar una buena aproximación a «una cueva en una montaña en algún lugar.»
NOTAS DE TRADUCCIÓN
- Se traduce como cuqui. Preferimos mantenerlo en Inglés. ↩︎
- Siglas en inglés para Assigned Male At Birth (Asignado Hombre Al Nacer), acrónimo proveniente de la cultura trans angloparlante en el siglo XXI para referirse a ‘hombres de orden biológico’ que se encuenran en el espectro trans, ya sea a escala pública o privada. ↩︎
- Haciendo/siendo ‘cosas trans’. ↩︎
- El principio de no-contradicción en la lógica clásica es que es imposible para una cosa ser A y -A a la vez. ↩︎
- Del término anglófono passing: hace referencia al nivel de aceptación o ‘aprobación’ que el espacio público y la vox populi tiene sobre la apariencia y expresión de género de una persona trans, en relación a si se ve o bien como ‘una mujer’ o ‘un hombre’. ↩︎
- El proceso de transición. ↩︎
- Final boss: Una metáfora sacada del mundo de los videojuegos, en relación a personajes canónicos contra los que un cierto personaje (casi siempre, principal) debe enfrentarse para avanzar dentro del propio juego. ↩︎
- Siglas en inglés para Assigned Female At Birth (Asignada Mujer Al Nacer), acrónimo proveniente de la cultura trans angloparlante en el siglo XXI para referirse a ‘mujeres de orden biológico’ que se encuenran en el espectro trans, ya sea a escala pública o privada ↩︎
- Sello discográfico y un colectivo de Londres dirigido por A. G. Cook. ↩︎
- Traducido de pitch; ‘altura’ percibida de un sonido. ↩︎
- Generador básico de señal/sonido dentro de un sintetizador. ↩︎
Traducido del Inglés por Senza Flores y eme isaza.
